El Chamanismo

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El Chamanismo es un fenómeno complejo y poco conocido realmente. Presenta un conjunto articulado de modos de actuar cuya comprensión es inicialmente difícil. Su origen es detectable en los grupos humanos incluso antes de que se desarrollara la escritura y se habitase en ciudades.

Las prácticas chamánicas son más que una aportación prehistórica o preliteraria a la curación de las enfermedades. Proporcionan una visión del mundo que hoy podemos calificar de “no ordinaria”.
Desde una perspectiva filosófica, permite una mejor comprensión formal del llamado pensamiento analógico. Esta forma del pensar es tan nuclear al chamanismo como el pensamiento lógico lo es al mundo científico.

El ser humano puede, probablemente, entenderse a sí mismo desde una perspectiva más amplia al conocer sus primeras respuestas frente al dolor, la enfermedad y la muerte. Este conocimiento puede contribuir al bienestar y la salud, en la medida en que proporciona un mejor entendimiento práctico y natural de la conexión de la persona con la totalidad de sí mismo, incluyendo su entorno, su ecosistema de referencia. El chamán es un superviviente, ha pasado de una manera o de otra por el dolor, la enfermedad y la muerte.

Una de las cuestiones que hacen del fenómeno chamánico un hecho admirable es su presencia generalizada entre todos los grupos que formaron nuestros antepasados. Sus prácticas, aunque se desarrollen en el momento actual, funcionan con elementos, referencias básicas, símbolos arcaicos y emociones, ya presentes desde el origen de la humanidad. Al estudiar la distribución geográfica de las practicas chamanicas es de resaltar la presencia de actividades análogas en los cinco continentes.

El mapa del mundo en que opera o trabaja el Chamán puede ser entendido desde lo que psicológicamente se llaman “estados modificados de conciencia”. Tales estados, a los que se accede generalmente a través de un período de transición, a veces son identificados como trance o viaje. Evidentemente un estado modificado de conciencia es un período de transición entre dos estados habituales de conciencia. Pero además los estados modificados se desarrollan ordinariamente en tres períodos:
1) Transición al estado.
2) Estado modificado propiamente dicho.
3) Transición al estado habitual.
En ellos entran no solo el sanador sino también la persona atendida y frecuentemente los demás participantes. Para modificar el estado de conciencia existen muy diversas estrategias, la mayor parte de las cuales no incluyen la utilización de sustancias psicoactivas. A medida que se adquiere experiencia es más fácil realizar la entrada en ellos. Lo mismo que ocurre al practicar técnicas de relajación.

A lo largo de la propia jornada se producen cambios naturales en el estado de conciencia. Durante el período del sueño se dan modificaciones de distintas características en el nivel de conciencia y en los contenidos de la misma. Una de las hipótesis para explicarlos es que suponen la posibilidad de pasar desde la conciencia habitual a la del mundo de los sueños sin pasar por las fases relajantes del comienzo del dormir.

Origen de la palabra chamán

El término chamán tiene un halo de misterioso y puede evocar realidades diversas e incluso contradictorias. Ello no es extraño porque nos refiere a algo de origen ancestral y la propia creación de la cultura nos ha distanciado de sus métodos, muchas veces arcaicos y extremos.

La palabra usada internacionalmente “chamán” es de origen manchú-tungu y llegó al vocabulario etnológico a través del ruso. La palabra tungu original de saman (xaman) se deriva del verbo scha-, “saber”, por lo que chamán significa por tanto alguien que sabe, sabedor, que es un sabio. Algunas investigaciones etimológicas explican que la palabra proviene del sánscrito por mediación chino-budista al manchú-tungu. (En Pali es schamana, en sánscrito sramana es algo así como “monje budista, asceta”. El termino chino intermedio es scha-men). Los pueblos siberianos y de Asia Central tuvieron también denominaciones locales para el chamán. En el turco altaico era kam, en el yacuto ojon (y chamana se decía udujan), en los buriatos böo, en Asia Central bakshi, para los samoyedos tadibe, lapones moita, finlandeses tietöjö y húngaros táltos.

Ese conocimiento o sabiduría, en las lenguas Tungus, implica de una manera o de otra la maestría con los “espíritus”, que a voluntad puede introducir en sí mismo, usando ese poder en su propio interés, particularmente para ayudar a otros que sufren a causa de espíritus.

En relación con el mundo actual se considera lo chamánico como algo que pertenece a zonas geográficas y a grupos alejados, marginales o fronterizos. Como algo conceptualmente difuso.
Incluye en su actividad lo que seria propio de un psiquiatra o psicoterapeuta prehistórico. Especialmente si se considera que “la psicoterapia es un camino para la expansión de la conciencia. Es una actividad en el desarrollo de nuestra vida con la cual nos ayudamos a nosotros mismos y a los otros, para despertar del estupor de la inconsciencia y la ignorancia conociendo quien nosotros somos realmente”( Shainberg 1993)

Existen numerosas definiciones:

“Entre los siberianos y otros grupos de todo el mundo con creencias análogas, es la persona a quien se le atribuyen poderes para curar a los enfermos y comunicarse con el mundo del más allá”
(The New Encyclopedia Británica; 1989)

“Curandero indígena que altera deliberadamente su conciencia a fin de obtener conocimiento y poder proveniente del mundo de los espíritus para ayudar y curar a los miembros de su tribu”
(Krippner; 1988)

Entre los Ojibway en Canadá ” es la persona, hombre o mujer que experimenta, absorbe y comunica una especial forma de apoyo, de poder sanador” (Grim; 1983)

“El que conoce las técnicas arcaicas del éxtasis” (Eliade)

“Una persona a la que se le atribuyen poderes especiales para comunicarse con los espíritus e influir sobre ellos disociando su alma de su cuerpo. Los espíritus le ayudan a realizar sus tareas
que incluyen descubrir la causa de las enfermedades, del hambre y de cualquier desgracia, y de prescribir una cura apropiada. Se les encuentra entre los siberianos y otros pueblos asiáticos;
su actividad se desarrolla también entre otras muchas religiones y con otros nombres (The Cambridge Encyclopedia, 1990).

“Una persona dispuesta a confrontar los más grandes miedos y sombras de la vida física”. Y en función de los resultados: “Un curador que ha experimentado el mundo de las tinieblas y que ha
confrontado sin miedo su propia sombra tanto como lo diabólico de los otros y que puede con éxito trabajar con las fuerzas de la oscuridad y de la luz” (Sams; 1990)

“Un guía, un sanador, una fuente de conexión social, un mantenedor de los mitos del grupo y de su concepción del mundo” (Walsh; 1990).

Sirve también para referirse a alguien que está “hiperactivo, excitado o en movimiento”, o que es “capaz de calentarse a sí mismo y practicar austeridades” (Walsh; 1990)

“Técnico arquetípico de lo sagrado. Su profesión se desarrolla en el espacio que une la imaginación mítica y la conciencia ordinaria” (Larsen).

“Persona de cualquier sexo que tiene un especial contacto con los espíritus (entendidos como fuerzas no fácilmente evidenciables) y capaz de usar su habilidad para actuar sobre aquellos que
están afectados por esos mismos espíritus” (Harner).

“Gran mago y sacerdote de ciertos pueblos primitivos, en especial del Norte de Asia. Entre los más famosos se cuentan los chamanes de Siberia” (Diccionario de las C.O.); El Manual Moderno
(1985).

Chamanismo: “El arte eterno de vivir en armonía con la creación” (Matthews en “The celtic shaman”. 1991).

Hay tres elementos clave para definir como chamanes a quienes:

Pueden voluntariamente entrar en estados alterados de conciencia.

En esos estados se experimentan a sí mismos “viajando”.

Y utilizan esos viajes como un método para adquirir conocimiento o poder y para ayudar a la gente de su comunidad”. (Walsh, 1990).

Para buscar grupos que actualmente presenten individuos que practican el chamanismo resulta preciso irse a los márgenes de lo que llamamos mundo civilizado. Por el hecho de encontrarse
vinculado a grupos que muestran una estrecha relación con la naturaleza, hasta el punto en que cualquier amenaza sobre esta empobrece nuestra posible comprensión de sus manifestaciones concretas.

Las zonas del planeta por las que han pasado sucesivamente mayor número de civilizaciones y poseen una estructura social centralizada desde grandes núcleos urbanos son las que preservan en menor medida vestigios de actividades chamánicas. Estas, todavía pueden mantenerse entre los “inuit” (nombre que se dan a sí mismos los esquimales del extremo norte) o entre los “fueguinos” (primeros habitantes del extremo sur de América), entre los habitantes de las selvas africanas, asiáticas y americanas o lugares poco accesibles, como desiertos y montañas.

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